
La primera semana de Julio fue una montaña rusa de emociones para Víctor. Por primera vez, se aventuró a participar en un campeonato nacional: el Campeonato de España de Ajedrez por Edades 2024. Con mucha ilusión y ganas de vivir una nueva experiencia, toda la familia se unió a la travesía para acompañarlo y brindarle apoyo.
El viaje comenzó con una mezcla de emoción y turismo. Decidimos aprovechar la ruta y recargar energías haciendo algunas paradas turísticas. Esto nos permitió disfrutar en familia antes de sumergirnos en el mundo competitivo del ajedrez.


Víctor arrancó el torneo con fuerza, ganando su primera partida contra una campeona de Canarias. Fue un comienzo prometedor que llenó de orgullo a todos. En la segunda ronda, logró unas tablas contra un rival muy fuerte, demostrando su habilidad y tenacidad en el tablero.
Sin embargo, no todo fue color de rosa. La primera derrota llegó en la tercera ronda contra un conocido rival de Cataluña. Esta derrota afectó su ánimo y, lamentablemente, las siguientes dos partidas no pudo recuperarse, acumulando dos derrotas más.
Pero si algo caracteriza a Víctor es su espíritu luchador. No se dejó vencer por las adversidades y, en las últimas rondas, volvió a mostrar su mejor versión. Ganó tres puntos más, terminando el torneo con un total de 4,5 puntos de 9 posibles. Un resultado más que respetable para su primera participación en un campeonato nacional.
Más allá de los resultados, lo más importante fue la experiencia vivida. Víctor disfrutó mucho del ambiente del torneo y de la compañía de sus amigos de la federación catalana. También tuvo la oportunidad de pasar tiempo de calidad con la familia, explorando y relajándonos en nuestros días libres.
Al final, Víctor terminó el torneo con el deseo de entrenar más y seguir mejorando. Esta experiencia le ha dado una motivación extra para continuar su camino en el ajedrez. Y nosotros, como familia, no podríamos estar más orgullosos de él y emocionados por lo que vendrá.

Así que, ¡adelante Víctor! Este es solo el comienzo de muchas más aventuras en el tablero de ajedrez.
Crónica de Gala Dvorestskaya